Vista parcial de los asistentes a la sesión sobre evolución, en el Centro de Etca de la UFM.

La evolución, la conciencia moral y la ética fue el tema de la sesión del Centro de Ética David Hume, celebrada el 29 de octubre de 2009.

La evolución es fácil de aceptar como proceso, pero no tanto su comienzo ni su fin. Sin embargo, se supone que todo proceso tiene un comienzo y, por lo mismo, tendrá también un fin. Cada uno puede elegir qué camino tomar, sobre la base de la información de que disponga. Puede haber variables exógenas, mediante las cuales se pretenda explicar la evolución. Por ejemplo, la Biblia dice que Dios creó el mundo en siete días, aunque esos siete días pueden haber sido en realidad siete millones de años. ¿Teoría del big-bang? ¿Creación del hombre del barro y animado inmediatamente con un soplo de vida? En realidad, no es posible afirmar cómo surge el hombre. Si no hay evidencia, no se puede demostrar el conocimiento. ¿Es posible vivir, sin contradecirse, sobre la base de la concepción religiosa y al mismo tiempo de la concepción científica? Es el individuo quien decide. ¿En qué momento surge mi alma? -preguntó alguien-. Tuvo que haber una intervención divina -se respondió dicha persona a sí misma. ¿Qué son y de dónde nacen mis ideas, sentimientos y poemas, en relación con la evolución? -se preguntó otro, comentó el moderador Amable Sánchez sobre la sesión.

El Centro de Ética de la Universidad Francisco Marroquín es un foro de discusión en el que nadie debe sentirse desaforado, que busca construir un espacio abierto y permanente de reflexión sobre la experiencia humana en una sociedad de personas libres y responsables.

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Contacto:
Amable Sánchez, del Centro David Hume
amables@ufm.edu



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