Vista de la última sesión del Club de Clásicos, en la UFM

“El final de  Historia de la decadencia y caída del imperio romano, por Edward Gibbon, fue el tema de clausura del Club de Lectura de Clásicos, en la Biblioteca Ludwig von Mises, de la Universidad Francisco Marroquín”, informó Adelaida Loukota, coordinadora de los clubes de lectura de la Biblioteca.

El club empezó esta actividad el 23 de mayo de 2006 y concluyó el 26 de junio de 2007.  Las obras leídas fueron  La Ilíada, de Homero;  Antígona, de Sófocles;  La república, de Platón;  Apología, de Platón;  Historia de la guerra del Peloponeso, de Tucídides,  Sobre los deberes, de Cicerón,  Edipo Rey, de Sófocles,  La política, de Aristóteles; e  Historia de la decadencia y caída del imperio romano, por Edward Gibbon.

Al hacer memoria de la actividad, Ligia Escribá, que participó en este Club, escibió  Un recuento de daños:

“Un año recorriendo el mundo clásico, brincando con zancos de un sitio a otro, haciendo todo tipo de maromas para aprehender cada texto, para comprender cada estilo de pensamiento y aprender sobre los distintos enfoques a los problemas. Ideas iban y venían de unos a otros textos. Acciones, situaciones y soluciones se reiteraban con frecuencia.

Un ir y venir a todos los sitios geográficos, a todas las circunstancias históricas, a todos los grupos humanos involucrados. Y, tras las peripecias, los entuertos y hasta uno que otro absurdo… se consiguió mantener el hilo conductor de esta aventura intelectual (o debo decir locura Académica)… caer en la cuenta que la humanidad, pese al idealismo platónico en  La República o Estado perfecto, las ideas políticas de Aristóteles y el idílico mundo romano, ha sido congruente en su incongruencia y coherente a pesar de las incoherencias de algunos hechos históricos.

El viaje que se inició con  La Ilíada (o Poema sobre Ilion o Troya) con sus 24 Cantos o Rapsodias en las cuales se registraron unas cuantas semanas de esa guerra motivada por las desbordantes pasiones humanas, pasó por las tragedias humanas. Avanzó en un recorrido desde la épica que exalta los héroes a la lírica que los baja a la realidad; colocando al hombre frente a su destino, los dioses y la naturaleza: enfrentamiento siempre fatal para los griegos, Edipo rey y Antígona. 

Luego, las incursiones en cuestiones filosóficas condujeron a temas como la  Justicia.  En las obras de Platón, Apología de Sócrates y Critón; a las cuestiones morales planteadas por Cicerón, en  Los oficicios o  Los deberes.

La travesía se enriqueció con las obras sobre temas políticos de Platón y Aristóteles, en las que partiendo del tema de la Justicia intentaron organizar el Estado, La República y la Política.

A lo anterior se unieron dos narraciones históricas, una griega ( Historia de la guerra del Peloponeso, de Tucídides) y otra inglesa ( Historia de la decadencia y caída del imperio romano, de Edward Gibbon). Ambas cargadas de información, con formato plano; con elementos de diversa procedencia aglutinados, utilizando la parataxis; retóricas y antitéticas.

Este recuento de los daños, con sus pros y sus contras (o recontras) abre el camino a un nuevo reto, a una nueva aventura… y, para marcar ese nuevo principio cito a Manguel (1999):

A nosotros, los lectores de hoy, supuestamente amenazados de extinción, todavía nos queda por aprender qué es la lectura.  Nuestro futuro -el futuro de la historia de nuestra lectura- lo exploró San Agustín, que trató de distinguir entre el texto percibido en la mente y el texto dicho en voz alta;  lo exploró Dante, que se planteó los límites del poder de interpretación del lector; la Dama Murasaki, que abogó por la especificidad de determinadas lecturas; Plinio, que analizó el rendimiento de la lectura y la relación entre el escritor que lee y el lector que escribe; lo exploraron los escribas sumerios que impregnaron de poder político al acto de leer; los primeros fabricantes de libros que consideraron demasiado restrictivos e incómodos los métodos para leer manuscritos en forma de rollo (semejantes a los métodos que utilizamos ahora  para leer en nuestros ordenadores) y nos ofrecieron en cambio la posibilidad de pasar las hojas velozmente y de tomar notas en sus márgenes. El pasado de esa historia se halla delante de nosotros, en el futuro que, con propósito admonitorio, describe Ray Bradbury en la última pagina de Fahrenheit 451, un futuro en que los libros no están impresos en papel sino que se conservan en la mente.”

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