Arthur Seldon; Ralph Harris, cofundador del IEA; y Friedrich A. Hayek.

Arthur Seldon, economista británico que fue fundador y presidente del Institute of Economic Affairs y recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Francisco Marroquín, falleció el 11 de octubre de 2005.

La suya es la historia del extraordinario poder que tienen las ideas. Su obituario en The Times, dice que la revolución Tatcheriana de los años 70 y 80 tuvo muchas raíces, pero que Seldon tuvo mucho que ver en el clima intelectual de la época y en el mar de cambios que produjo.

Durante años, el estado había sido la mayor fuerza en la administración de la economía y en la previsión social. Seldon fue un incansable promotor de la sustitución del estado providencia y de dejar que las leyes de la economía incrementaran la riqueza, en vez de esperar que lo hiciera el gobierno.

Fundamentalmente, dice The Times, Seldon era un liberal clásico que creía en la libertad y en la responsabilidad de los individuos. 

Desde su escritorio, en las oficinas del
Institute of Economic Affairs, en Londres, trabajó sin descanso para educar a la opinión pública en el sentido de que la prosperidad y el enriquecimiento de la gente común estarían mejor servidos si se redujera el Estado.

El 14 de noviembre de 1998, Seldon recibió un doctorado honoris causa, en Ciencias Sociales, en la Universidad Francisco Marroquín. Seldon no pudo asistir por motivos de salud; pero en su discurso, que fue leído aquí, en su nombre, dijo: La Universidad Francisco Marroquin me honra al conferirme el grado honorario de Doctor en Ciencias Sociales y me siento honrado en tres áreas específicas: (Lea aquí el
[/discursos/dis20051019.pdf discurso completo, PDF]).

En primer lugar, he admirado por mucho tiempo, la visión del doctor Manuel Ayau y colaboradores al fundar una Universidad basada en la excelencia académica para atraer estudiantes, sin depender de influencias externas.

En segundo lugar, ustedes son un ejemplo para mi país y la mayor parte de Europa, donde el estado ha financiado la expansión de instituciones que se dicen llamar “universidades” pero que carecen de la independencia de nuestras antiguas universidades de Oxford y Cambridge.

En tercer lugar, el espíritu empresarial y la iniciativa privada, de los cuales la iglesia es trascendental, inspiró hace algunos siglos el desarrollo del conocimiento que hubiese resultado en la evolución espontánea de instituciones educativas privadas e independientes durante el siglo veinte, a no ser por la supresión creada por el estado durante el siglo XIX.

Mis agradecimientos a su universidad al reconocer mi contribución en reconstruir la visión del espíritu humano individualista. Y les encargo a sus graduandos aprovechar la oportunidad que les brindó esta universidad en lograr la victoria de su misión. 

Vea el obituario de Seldon, en The New York Times,
aquí