Semblanza de Armando de la Torre

 

Luego del fallecimiento de Armando de la Torre, exdirector de la Escuela de Superior Ciencias Sociales de la Universidad Francisco Marroquín, Gonzalo A. Chamorro, director del Centro para la Historia y Filosofía, escribió la siguiente semblanza de aquel educador.

Armando de la Torre fue educador y luchador incansable por la libertad. Foto de UFM.

El doctor Armando Jorge de la Torre Martel nació en Nueva York el 9 de julio de 1926, hijo de padres cubanos. A los dos años regresó a Cuba, una vez que su padre concluyó una especialización en cirugía ortopédica.

Realizó sus estudios de primaria y secundaria en el Colegio de los Hermanos de La Salle, en La Habana. En ese entorno formativo, el propio doctor de la Torre reconocería más tarde haber desarrollado un especial aprecio por la cultura francófona. No en vano, varios de sus profesores eran franceses exiliados como consecuencia de las leyes anticlericales promulgadas por Jules Ferry en 1905, durante la Tercera República Francesa.

Armando de la Torre reconoció siempre que, pese a la muerte temprana de su padre —cuando él contaba apenas siete años—, su familia fue determinante en su desarrollo intelectual y profesional. Por la rama paterna recibió una impronta conservadora, orientada a las artes útiles de las profesiones universitarias; por la materna, una profunda inclinación hacia las tradiciones literarias y artísticas de corte liberal. Esta conjunción de influencias estimuló en él un temprano interés por el mundo de las ideas y alimentó una curiosidad intelectual constante.

En los últimos años de su bachillerato fue nombrado presidente de la Academia Literaria José María Heredia, luego de ganar un concurso de oratoria bajo la dirección del notable escritor, periodista y filósofo, y uno de los principales biógrafos de José Martí, el doctor Jorge Mañach. Paralelamente, asumió la dirección de un semanario de la Juventud de Acción Católica, en el cual publicó sus primeros ensayos literarios, inspirados en la lógica cartesiana aprendida de sus maestros franceses.

Inició simultáneamente las carreras de Derecho y Periodismo en la Universidad de La Habana. Dos hechos sobresalen de esta etapa: el primero, que compartió aulas con Fidel Castro; el segundo, que los estudios jurídicos lo desencantaron profundamente debido a su marcado positivismo, en particular en el ámbito del derecho administrativo. Su vocación, más bien, se inclinaba hacia las ideas de carácter especulativo.

Tres años más tarde, movido por inquietudes religiosas de naturaleza metafísica más que dogmática o ritual, ingresó a la Compañía de Jesús, donde realizó los estudios propios de la orden.

Obtuvo la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Pontificia de Comillas, en España, con la tesis «El principio de razón suficiente en Leibniz y los neoescolásticos», dirigida por el destacado filósofo Salvador Cuesta, ontólogo y autor de la reconocida obra El despertar filosófico: Indagaciones sobre el origen y la originalidad en la filosofía (1954).

Posteriormente, se licenció en Teología en Fráncfort, Alemania, donde su tesis «El análisis del acto de fe» fue distinguida con magna cum laude, bajo la tutela del célebre doctor Alois Grillmeier, miembro de la Comisión Teológica del Concilio Vaticano II y más tarde nombrado cardenal por el papa Juan Pablo II.

Se doctoró en la Universidad de Múnich con la tesis «El conocimiento del singular en la fenomenología alemana», elaborada bajo la dirección del filósofo alemán Max Müller, discípulo de Edmund Husserl, Martín Heidegger, Friedrich Meinecke y Romano Guardini. Müller logró articular la metafísica clásica con la fenomenología husserliana y el existencialismo heideggeriano, desarrollando una teoría de la metahistoria como filosofía de la libertad histórica, marco intelectual que influyó decisivamente en la formación del doctor de la Torre.

En el proceso de esta exigente preparación intelectual, Armando de la Torre realizó estudios de Espiritualidad en Saint-Martin-d’Ablois, Francia, con el destacado pensador Pierre Delchard. Durante este itinerario académico hizo una pausa de dos años para regresar a Santiago de Cuba, donde se desempeñó en la supervisión académica de un colegio jesuita y enseñó filosofía y psicología experimental. En relación con esta última disciplina, tuvo además la oportunidad de cursar un seminario de psicología experimental en la Universidad de Fordham, en Nueva York.

Concluida su formación académica y tras una breve pausa, regresó a Europa en pleno desarrollo del Concilio Vaticano II, donde fue invitado a desempeñarse como prefecto de estudios del Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma. Allí publicó diversos artículos y ensayos sobre temas sociales, filosóficos, teológicos y culturales, entre ellos «Las raíces occidentales de la cultura rusa», así como análisis sobre los conflictos sociales en América Latina —en particular en Cuba— en el diario romano Il Tempo.

Sin embargo, como él mismo relató: «La intensa controversia interna en la Iglesia sobre su papel en el mundo contemporáneo y las recientes especulaciones acerca de los llamados “signos de los tiempos” desde una perspectiva exclusivamente teológica —temas en los que me había visto profundamente involucrado desde mi estancia en Múnich— me llevaron a un alejamiento definitivo de la Compañía de Jesús y a regresar a los Estados Unidos», con el fin de apoyar a su familia, exiliada a causa del régimen castrista en Cuba.

En ese periodo conoció a Marta Buonafina Aguilar, con quien contrajo matrimonio en la ciudad de Nueva York el 11 de marzo de 1967. De esta unión nacieron sus dos hijos, Virginia e Ignacio.

Ya en los Estados Unidos, enseñó lenguas en Princeton, Nueva Jersey, y al año siguiente fue invitado a impartir cursos de filosofía y sociología en Hampton University, George Washington University y en el College of William and Mary, prestigiosa universidad pública de investigación fundada en 1693, la segunda más antigua de los Estados Unidos.

Durante esta etapa vivió de cerca la profunda crisis de valores que sacudía al mundo académico norteamericano, en relación con los movimientos por los derechos civiles y la guerra de Vietnam.

Siempre animado por el deseo de enseñar en un país de habla castellana, obtuvo a mediados de la década de los setenta un año sabático que aprovechó para colaborar en Guatemala, país de origen de su esposa, tras el devastador terremoto de 1976.

El doctor Santos Pérez, rector de la Universidad Rafael Landívar (1971-1978), al enterarse de su presencia en Guatemala, lo invitó inicialmente como profesor de Lógica y posteriormente como director de Investigación Científica. Cinco meses después, el fundador de la Universidad Francisco Marroquín, el doctor Manuel F. Ayau Cordón, le extendió una cordial invitación para organizar la Escuela Superior de Ciencias Sociales y formar parte del claustro docente y directivo de dicha casa de estudios. Aceptó la invitación por su profunda identificación con el ideario de la UFM, convirtiéndose —entre muchos otros méritos— en un auténtico paladín de la filosofía de la libertad y de la responsabilidad, hasta el 17 de enero de este año, fecha en que partió, como él solía decir, a la casa del Padre.

Quijote incansable, hombre de convicciones profundas defendidas con tenacidad, educador, maestro y guía de muchos, poseedor de una curiosidad intelectual admirable, conferencista de talla mundial y escritor agudo, galardonado en distintos lugares del planeta. Agradecido con la vida, forjó generaciones de estudiantes y pensadores críticos.

Valga esta semblanza para quien luchó incansablemente por ver una Cuba libre; para quien defendió el esplendor imperecedero de la lengua de Cervantes, Ortega y Gasset, Rubén Darío y José Martí; para quien inspiró a hombres y mujeres de bien a no cansarse nunca de preguntar y de formar el carácter con una visión de largo plazo que, según el propio doctor de la Torre, constituye una de las metas de toda civilización.

Descansa en paz, querido, admirado y respetado doctor Armando Jorge de la Torre Martel.

Contacto:
Rectoría
rectoria@ufm.edu

Guatemala, 11 de febrero del 2026

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