Miembros del equipo UFM-SIFE, en Chajul, Quiché, durante una visita que hicieron con el equipo de SIFE-Belmont.

Muchas veces, uno creería que un viaje a un lugar alejado de toda comodidad sería una experiencia aburrida y sin sentido; pero lo que uno no tiene en cuenta es la verdadera riqueza, aventura, amistad, cariño y conocimiento que se encuentra detrás de eso. Es en este tipo de lugares donde podemos reflexionar y apreciar lo que tenemos, explicó Marco Vinicio Cruz, miembro del equipo de Students in Free Enterprise y estudiante de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín.

Chajul es un municipio que se encuentra al Noroeste del departamento de Quiché y, entre los años 1977 y 1996, fue escenario de muchos enfrentamientos del Conflicto Armado Interno, lo que retrasó el desarrollo de su población. Hoy en día, es un poblado dedicado a la producción de café, maíz, papa, entre otros.

El viaje a Chajul, entre el 7 y el 12 de enero de 2011, fue organizado por estudiantes de la Belmont University que contactaron a SIFE-UFM y esta organización, a su vez, me refirió para poderlos acompañar y encontrar alguna necesidad o proyecto que se pudiera realizar en el poblado. El viaje cumplió su cometido, ya que los estudiantes de ambas universidades regresamos con una gran lista de proyectos que esperamos poder realizar en el futuro con SIFE-UFM y SIFE-Belmont, continuó Cruz.

El viaje no sólo nos inspiró una gran cantidad de ideas y nos motivó; también nos permitió aprender sobre el proceso de producción del café y algunos productos artesanales. Mi experiencia con el grupo de estudiantes de Belmont y UFM fue increíble. Conocimos a varias familias que se encuentran en extrema pobreza, como la de David, que son 12 y viven en un cuarto en el que apenas yo quepo. Experimentamos un día en la vida cotidiana de los habitantes de Chajul; cortamos leña, cocinamos y jugamos fútbol en la tarde, relató el estudiante.

Estos cinco días, me hicieron valorar todo lo que tengo– cosas que damos “por sentado” y que para ellos son un sueño imposible. Fue impactante presenciar la cortesía de las personas que, a pesar de vivir en tan malas condiciones, parecen sonreír y saludar alegremente– cuando nosotros, que tenemos tanto para estar agradecidos, nos cuesta ser amables con las personas que nos rodean. Al mismo tiempo, los paisajes increíbles y la pureza del aire me hicieron pensar lo afortunados que somos de vivir en un país con tanta belleza, pero que, por tener la mente ocupada en otras cosas, no lo llegamos a valorar lo suficiente, comentó Marco Vinicio Cruz.

Mi experiencia fue increíble, hicimos de todo, platicamos de qué les apasiona, qué les gusta hacer, cuáles eran las primeras impresiones de todo, bailamos, hubo espectáculos de magia y probamos comidas extrañas. Fue un choque de tres culturas, la norteamericana, la guatemalteca capitalina y guatemalteca del interior, en donde cada uno daba lo mejor de sí. Aunque nadie tiene la necesidad u obligación de conocer las diferentes facetas del país, es recomendable hacerlo, pues es una experiencia inolvidable en la que no sólo se conoce otra cara de la cultura, sino que también lo hace a uno reflexionar y valorar lo que tiene, concluyó el estudiante.

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Contacto:
Helmuth Chávez
Decano de la Escuela de Negocios
hchavez@ufm.edu



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