Nidia de Flores trabaja con el doctor Armando de la Torre.

En 1987 Nidya de Flores es colaboradora del equipo de la Universidad Francisco Marroquín, gracias a que fue recomendada por Sandra Batres, quien en ese entonces era la asistente del doctor Armando De la Torre. Tras más de 20 años en la Casa de la Libertad, colabora en la Escuela Superior de Ciencias Sociales. En fechas recientes Nidya se tomó un tiempo para hablar con El Amigo de la Marro sobre su vida dentro de esta casa de estudios.

Esta conversación es parte de una serie en la que han participado Cecilia de Pacheco, Lily Cazali; y Julio Arenas.

Si lleva tantos años colaborando con la Universidad Francisco Marroquín es porque se siente parte de ésta. ¿Qué es lo que más aprecia de la Universidad?

El trato que se me ha brindado, pues siempre se me ha tratado con respeto y se ha apreciado mi colaboración. Asimismo, el horario en el que puedo colaborar porque no es de tiempo compleo. También la gran oportunidad que se tiene de estudiar aquí. Yo tengo cerrado pensum en la Licenciatura en Enseñanza de la Literatura y esos años de estudio en el Departamento de Educación me cambiaron la vida. Esa carrera me hizo un mejor ser humano. Todos, catedráticos y alumnos, coincidíamos que ese espacio de aprendizaje y convivencia era como un oasis.

¿Por qué lo consideraban como un oasis?

Porque todos, aún sin ponernos de acuerdo, nos contagiamos de un mismo sentir. Se desarrollaba un deseo de querer aprender más. Los profesores nos motivaban a desarrollar una curiosidad intelectual y los alumnos, con el interés en la cátedra, los entusiasmaban también a ellos. Era una retroalimentación especial. Nadie llegaba a recibir clases forzado sino siempre era un gusto. Todos participaban. Las humanidades definitivamente cambian a la persona pues el aprendizaje que recibíamos en la clase no se quedaba únicamente para ser después evaluado y obtener una nota sino se quedaba para cambiarnos la vida por las reflexiones que se hacían, lo que se aprendía en historia y en literatura. Y todo lo que podíamos aplicar en nuestra vida. Los conocimientos los empezamos a internalizar a aplicarnos en nuestro diario vivir. Siempre se sentía uno como parte de una familia muy especial.

¿Qué es lo que más le gusta de la UFM?

Que siempre puedo aprender algo nuevo y que mi opinión es tomada en cuenta.

¿Cómo ha cambiado la UFM desde que usted empezó a colaborar con la Univesidad?

Definitivamente ha cambiado en su infraestructura pues el campus antiguo era muy pequeño y no tenía la jardinización tan hermosa con la que cuenta el nuevo. En el campus antiguo existía un área en el segundo nivel en la que el piso era de madera pero estaba tan viejito que se nos quedaban los tacones trabados en los hoyos que tenía. En este nuevo campus, las aulas están diseñadas para que el alumno realmente se sienta cómodo y el personal administrativo también pues todos los espacios están iluminados y, algunos, cuentan con mobiliario ergonómico, principalmente, las aulas socráticas.

Usted vino cuando el campus era prácticamente nuevo, ¿cómo era en aquel entonces?

No contaba con la tecnología con la que cuenta ahora. No existía un control digital central en el que se revisaran los pagos de los alumnos ni los salarios de los catedráticos. No existían las etiquetas de los parqueos. Tampoco estaba el Edificio de Recursos Digitales ni las aulas socráticas. No había tantos colaboradores como ahora, ni usábamos gafetes. Su jardinización siempre ha sido hermosa pero con el transcurrir de los años se ha ido perfeccionando. En el cuarto piso estaba FISSIC, que contaba con las carreras de ingeniera en sistemas. El doctor Manuel Ayau era el Rector y lo fue por muchos años.

Si bien muchas cosas podrán haber cambiado con el tiempo, los principios y misión de esta universidad se mantienen intactos, ¿qué opina de ellos?

La Universidad realiza capacitaciones para nosotros, dinámicas grupales, tour y charlas, todas con el objetivo de que siempre se mantenga excelencia académica en el trato a los alumnos, visitantes, catedráticos y colaboradores. Que se brinde un mejor servicio y haya excelencia.

¿Tiene algún recuerdo en especial sobre su vida en la universidad?

Tengo muchos pero lo que más me llena es todo lo que he podido aportar y lo que a la vez he podido aprender; los estudios realizados y el trato con las diferentes personas como catedráticos, alumnos, personal administrativo y visitantes.

Y con respecto a personas, ¿tiene algún recuerdo que le sea muy valioso?

El doctor Salvador Aguado a cargo del Departamento de Educación era siempre tan amable en su trato, siendo una gran eminencia. No dejaba de ponerlo a uno un poco nervioso la charla que uno sostuviera con él porque se tenía que cuidar el uso correcto del lenguaje pues la especialidad del doctor Aguado era la filología. Él tenía el don de que uno pudiera comprender temas complejos impartiéndolos con una sencillez y claridad inigualables.

¿Cuál considera que es el impacto que la UFM está teniendo en la sociedad guatemalteca?

Cuando se habla de la Universidad Marroquín se sabe que se cuenta con seriedad, buena preparación, excelencia, infraestructura, tecnología, jardinización y limpieza. Aunque sin deportes, ni estudiantina.



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