Un reto  para la doctrina social cristiana, los filósofos y antropólogos, es dilucidar claramente cuál es el papel del hombre en el cosmos, dijo Moris Polanco

Moris Polanco, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín, asistió  en el Vaticano a un congreso de filosofía, celebrado del 16 al 18 de marzo de 2005,  bajo la denominación El llamado a la justicia.  Moris Polanco presentó una ponencia sobre la ecología y su relación con la  ética y el cristianismo, en el marco de una conferencia titulada Gaudium et spes and the Ecological Awareness of our Time.

¿Cómo le fue? ¿Cuáles fueron sus impresiones?
Fue muy interesante estar en el Vaticano, porque las conferencias se celebraron en el aula Pablo VI, en la parte superior, donde hay un auditorio grande, como un teatro griego, y con traducción simultánea. Éramos poco más o menos 220 participantes, de los cuales 60 eran conferencistas. Siempre había en la mesa directiva algún cardenal o algún personaje importante de la curia. Por ejemplo, en la primera conferencia plenaria estuvo el cardenal Sodano, que es como la mano derecha del Papa. Al final, asistimos a una misa oficiada por el cardenal Ratzinger, que ahora (1 de abril de 2005) se menciona como un posible sucesor del Papa. La gente era muy preparada y procedía de universidades de Asia, Africa, Europa, Oceanía y América. Predominaba, sin embargo, el inglés, tal vez porque la principal universidad organizadora era la University of St. Thomas, de Minnesota, junto con otras cinco universidades y el Consejo Pontificio Justicia y Paz. Me tocó intervenir con un coreano que habló sobre las religiones asiáticas y su relación con la doctrina social de la Iglesia. Hubo bastante discusión. En general, en todas las sesiones se discutía bastante, porque la gente era muy entendida en la materia. Todos podían haber dictado una conferencia, y había mucho sobre lo que opinar. En general, pienso que cumplí con mi papel y con mi misión. Leí mis conclusiones durante los 10 minutos que me correspondían, nada más. Después hubo bastante participación. 

¿Qué importancia se le da a la ecología en esos ambientes?
Bastante, porque justamente hace un par de meses el Vaticano publicó un nuevo libro, titulado Compendio de doctrina social de la Iglesia. Hace mucho que la doctrina social de la Iglesia se viene elaborando -siempre ha habido doctrina social de la Iglesia-, pero más propiamente hablando la misma parte de la Encíclica Rerum Novarum, de León XIII, en 1890, y a partir de ahí los Papas han ido publicando encíclicas sobre temas sociales, que tienen que ver con la ley civil y el papel del Estado. Por ejemplo, sobre la propiedad privada, el capitalismo, el socialismo, y otros temas que son mucho más polémicos. La Iglesia vio la oportunidad de recopilar y ordenar esto sistemáticamente como un catecismo, enriquecido con un bagaje de citas adecuado. Así nos encontramos, por este orden, con a familia, el Estado, la propiedad, la vida económica, la vida política, los medios de comunicación. Para mi sorpresa -muy agradable, por cierto- el catecismo tiene un capítulo dedicado a la ecología. Como se ve, dentro del mismo pensamiento de la Iglesia hay una mayor toma de conciencia de la importancia de esos temas y de otros conexos con ellos.

Desde el punto de vista de la filosofía de la libertad, ¿qué influencia hay en esa doctrina social sobre temas ecológicos?
Es algo muy interesante. Hay que trabajar mucho todavía. Hay cosas muy positivas en ese compendio para las personas que estamos a favor del libre mercado. El capítulo de la vida económica habla muy bien del libre mercado y del régimen de propiedad. Se basa mucho en la encíclica Centesimus annus de Juan Pablo II. Es decir, hay una consideración bastante positiva de la propiedad privada, de la libertad, del libre mercado, de todo eso. Pero en el tema ecológico hay dos puntos que a mí me llaman la atención y que van a dar mucho que hablar. Uno es en relación con el cuidado del medio ambiente. Expresamente dice que, para proteger el medio ambiente, el Estado es más competente que la empresa privada. Yo creo que habría que probar lo contrario. Habrá que ver cómo se cambia, porque lo que está contenido en el compendio de doctrina social de la Iglesia no es dogma. Hay que distinguir en la doctrina de la Iglesia varios niveles. No todo lo que dice un Papa es dogma; y lo que se dice en una conferencia episcopal, mucho menos. Hay puntos en cuanto a los que uno puede disentir. Eso es muy cambiante. Creo que es uno de los temas sobre los que se que se podrá ir cambiando, así como se fue cambiando en cuanto a la valoración del capitalismo y del libre mercado a lo largo de los tiempos. 

El otro tema, más delicado, porque toca una cuestión más de principio, es el  agua.  Y es nuevo.  El compendio no está sacándolo de ninguna encíclica ni de ningún documento anterior, sino que es una aportación nueva. En el compendio se concluye diciendo que el agua es un derecho humano universal, e irrenunciable o inalienable.  Por ello habría que ver cuál es el régimen para garantizar  mejor ese derecho.  Creo que eso va a dar mucho  que hablar. 

Moris, ¿hay gente relacionada con la filosofía de la libertad trabajando en estos temas dentro de la Iglesia?
En cuanto al tema de la ecología, creo que muy poco. Se trabaja, por ejemplo, en el Instituto Acton. Tuve oportunidad de hablar con el padre Robert Sirico, que también expuso en el congreso un tema muy bonito. El salón estaba lleno. No cabía la gente. Le contestó el profesor Angelo Colayola, más conocido en otros ambientes como el banquero del Papa: una persona que estuvo a cargo de las finanzas del Vaticano durante quince años. Hubiera podido surgir un buen debate, de no haber sido por la falta de tiempo. El padre Sirico ofreció publicar en la página del Instituto Acton su paper, con la respuesta del profesor Colayola y su reacción, así como sus propios comentarios. El tema en cuestión es The Economics of the modern world. El padre Sirico es muy valiente, porque defiende una postura liberal y, según mi percepción, en esos ambientes la mayoría no piensa de esa forma. Entonces, hay mucha reacción. El es muy valiente en lo que está haciendo y yo lo admiro por eso. El Instituto Acton tiene una sección dedicada a la ecología y para redactar mi conferencia me basé bastante en el trabajo de ellos. Pero, aparte de este detalle, no sé quiénes estén trabajando en eso.

¿Qué futuro le ves al tema de la ecología dentro de la doctrina social de la Iglesia?
El tema es más de fondo y el enfoque que yo le doy es antropológico. Yo no me inclino tanto por los aspectos económicos, como qué sea más conveniente, qué tipo de propiedad o de régimen se necesitan para mantener el ambiente limpio.  

A mi manera de ver, la relación hombre-naturaleza hay que estudiarla desde un punto de vista de la naturaleza humana y del papel del hombre en el cosmos; es decir, cómo se relaciona el hombre con lo material. Este es un tema que ha preocupado siempre al cristianismo desde el gnosticismo, por decirte algo; y, y por ejemplo, el maniqueísmo tiene una percepción de la materia muy negativa. Entonces, hay un reto consistente en hacer ver que la materia no es mala, pero tampoco pasarse al extremo de divinizarla, como algunas tendencias -muy de izquierda, por cierto- que tienden a hablar de la madre naturaleza, o la Gaia, como si fuera el ser supremo, eliminando a Dios en ese contexto, o eliminando la trascendencia de Dios. 

Hay aquí un reto, tanto para la doctrina social cristiana como para los filósofos y antropólogos, de dilucidar claramente cuál es el papel del hombre en el cosmos y su relación con este mundo, lo cual incluye su propio cuerpo.  En  mi paper hablo de temas como el aborto y la anticoncepción, y en esa misma conferencia creo que no fue bien comprendido mi enfoque. Yo decía que en  relación con temas como la eutanasia tal como lo acabamos de ver en el caso Schiavo-,  el aborto y la anticoncepción, se manifiesta una falta de comprensión  y de aceptación de las leyes naturales, porque el hombre quiere dominarlo todo con la técnica. Pensemos en la clonación, por ejemplo.  Respecto a la diferencia entre lo natural y lo artificial, ¿dónde está en el caso del hombre? ¿Qué es lo natural? ¿Es natural una aspirina? ¿Es natural un respirador? ¿Es natural un tubo de alimentación? ¿Qué es lo natural en el hombre?…

Eso es lo que yo estoy trabajando más.  Estoy buscando más bibliografía para seguir avanzando en ese campo,  que a mí en lo particular me gusta.  Ahora, en relación con lo demás, sobre el cuidado propiamente de los recursos naturales, pues no lo sé.  Más creo que la principal corriente viene de organismos internacionales -Naciones Unidas, por ejemplo-  y esto es lamentable. Habría que hacer más desde una perspectiva de libre mercado, de la economía de la libertad.  Como el proyecto de tener en Guatemala  un campus como el de la Universidad Francisco Marroquín, donde se muestre que se puede convivir, que se puede tener una actividad humana e intelectual en medio de la naturaleza.

Pienso que por ahí sí se puede trabajar y que se trata de campos complementarios: cuidado de los recursos naturales y desarrollo humano, con una fundamentación antropológica. Aquí hay que tomar también en cuenta la población humana -ese otro gran tema-, no la llamada explosión demográfica.  ¿Es cierto que el crecimiento de la población destruye el medio ambiente?  La doctrina de la Iglesia te diría que no, porque la Iglesia se ha opuesto a todas las políticas de control demográfico.  En cambio, los movimientos ecologistas actuales abogan por un control demográfico. Ese es otro asunto que genera bastante tensión.  Hay posturas como las de Gary Decker y las de Julian Simon que dicen que no es un obstáculo; incluso que la población es un recurso.  Pero hay otras posturas.  Hablaba con Julio Cole y con Hugo Maul, y ellos piensan que sí…, que desde un punto de vista económico se puede sostener que es necesario reducir los índices de la natalidad.  Es un asunto bien delicado, porque no estamos  hablando solamente de reducir el tamaño de un hato de ganado, sino de gente, de seres humanos que tienen dignidad.  Y precisamente porque la población, la familia y el desarrollo son temas tan delicados, hay que prestarles mucha más atención.