Desde el Paleolítico superior y el Neolítico —en Europa, Asia y América— se documentan intervenciones dentales intencionales destinadas a curar o aliviar el dolor causado por caries, abscesos o exposición pulpar. En cambio, entre los antiguos mayas, las modificaciones dentales respondían exclusivamente a fines estéticos: limados e incrustaciones de jade, pirita o hematites, siempre en dientes anteriores (incisivos y caninos) y sin relación con enfermedades.
Hasta ahora, solo se habían documentado casos muy raros de intervenciones con fines médicos.
es el título del artículo sobre intervenciones dentales publicado por Estuardo Mata y Camilo Luin en el Journal of Archaeological Science: Reports, en coautoría con Andrea Cuccina, Marco Ramírez-Salomón, María Beatriz Monsreal-Peniche y Elma Vega-Lizama.
El diente estudiado presenta una incrustación de jadeíta verdosa en la superficie oclusal. La pieza proviene de la colección osteológica del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín. Desde el punto de vista macroscópico, se observa una cavidad perfectamente definida en el centro, donde convergen las cuatro cúspides principales. La incrustación está firmemente adherida con un material cementante (probablemente una resina o una mezcla orgánica).

El molar estudiado presenta una incrustación de jadeíta en la superficie oclusal. Foto del Museo Popol Vuh.
Este molar no solo amplía el conocimiento sobre la odontología maya, sino que también obliga a replantear la idea de que los antiguos mayas tenían prácticas dentales mucho más complejas —y, en algunos casos, con fines médicos— de lo que se pensaba. Se trata de un hallazgo excepcional que abre la puerta a nuevas investigaciones interdisciplinarias (arqueología, antropología dental y odontología forense).
Estuardo Mata, presidente de la junta directiva del Museo Popol Vuh y decano de la Facultad de Odontología de la Universidad Francisco Marroquín, comentó que «la idea de estudiar este molar surgió por su carácter inusual dentro del conjunto de piezas dentales tratadas por los mayas. En el ámbito de las modificaciones dentales prehispánicas, la mayoría de los ejemplos documentados corresponde a dientes anteriores —especialmente incisivos, caninos y, en algunos casos, premolares— y se localiza en la superficie labial, con un propósito interpretado como estético, simbólico o de identidad social. El hallazgo de una incrustación en un molar posterior rompe con este patrón ampliamente documentado, lo que despertó el interés del equipo y motivó un análisis más profundo desde una perspectiva interdisciplinaria».

Estuardo Mata, presidente de la directiva del Museo Popol Vuh, en Petén. Foto de Estuardo Mata.
El odontólogo Guillermo Mata y su hijo, también odontólogo, Estuardo Mata, donaron su colección de dientes con decoraciones. Algunas de estas piezas dentales presentan incrustaciones de piedras como jade, hematites o pirita. «Al tratarse de un molar, nos llamó mucho la atención, ya que no se conocían ejemplos con incrustaciones en dientes posteriores», explicó Camilo Luin, curador del Museo Popol Vuh.
Estuardo Mata añadió que «lo que inicialmente nos llamó la atención fue encontrar una incrustación en un molar posterior, lo cual representa una desviación clara del patrón conocido. A diferencia de los dientes anteriores, que son accesibles tanto visual como técnicamente, trabajar sobre la superficie oclusal de un molar implica un grado de dificultad considerable debido a la apertura limitada de la boca y al ángulo desde el que debe realizarse el procedimiento. Incluso en la odontología moderna, esto requiere instrumental específico.
Como odontólogo y especialista en endodoncia, además de decano de la Facultad de Odontología, uno de mis primeros cuestionamientos fue determinar si la incrustación había sido colocada en un individuo vivo y si la pieza dental estaba en función. En este sentido, fue clave aplicar tecnología diagnóstica contemporánea.
El uso de herramientas como la tomografía computarizada de haz cónico (CBCT), junto con otras modalidades de imagen y escáneres de alta resolución, permitió analizar el caso con un nivel de detalle sin precedentes. Gracias a estas imágenes, se pudo evaluar si el procedimiento se realizó en vida del individuo al identificar posibles respuestas biológicas del complejo dentino-pulpar, lo cual constituye una evidencia fundamental en este tipo de estudios».

Camilo Luin, curador del Museo Popol Vuh, explicando el Trono de Piedras Negras en el Museo Nacional de Arte Maya. Foto de Camilo Luin.
«En ese contexto» —comentó Camilo Luin—, «la colaboración interdisciplinaria entre arqueólogos y odontólogos ha sido clave para entender las prácticas de modificación dental maya. Los trabajos pioneros del odontólogo Guillermo Mata aportaron nuevos datos y ejemplos de modificaciones únicas».
El decano de la Facultad de Odontología de la UFM explicó que «mi hipótesis personal es que la intervención pudo haber tenido un carácter terapéutico, paliativo o simbólico, ya que las tres interpretaciones son plausibles y no necesariamente excluyentes entre sí.
Desde el punto de vista terapéutico o paliativo, una posibilidad es que existiera una lesión cariosa incipiente en la superficie oclusal, que habría sido eliminada para colocar posteriormente una incrustación de jadeíta. Esto implicaría no solo una intención de tratar la lesión, sino también un conocimiento empírico orientado a preservar la función del diente.
Por otro lado, desde una perspectiva simbólica, podría tratarse de un caso particular en el que la pieza dental fuera visible en ciertas condiciones. Por ejemplo, en un individuo con una maloclusión severa de clase III, el primer molar podría hacerse visible al hablar o al mantener la boca abierta. Esto daría sentido a una intervención con fines simbólicos en un diente posterior y facilitaría el acceso operatorio.
En ese sentido, la evidencia presentada en el artículo permite sostener cualquiera de estas interpretaciones e incluso sugiere la posible coexistencia de elementos funcionales y simbólicos dentro de un mismo procedimiento, como era frecuente en muchas prácticas de las culturas prehispánicas».
Mata añadió que «la publicación de este artículo representa un logro significativo para el Museo Popol Vuh y la Universidad Francisco Marroquín. Confirma que las colecciones del museo poseen no solo un alto valor patrimonial, sino también un enorme potencial científico para generar conocimiento con relevancia internacional. Este tipo de investigaciones evidencia la riqueza y profundidad del patrimonio cultural de Guatemala.
Para la universidad, constituye un ejemplo claro del valor de la investigación interdisciplinaria. En este estudio convergen la arqueología, la antropología física y la odontología clínica, lo que permite construir interpretaciones más completas sobre las prácticas de salud en el mundo maya. Asimismo, destaca la colaboración con la Universidad Autónoma de Yucatán y sus investigadores, coautores del artículo. Esta alianza fortalece el intercambio de conocimiento y demuestra cómo la cooperación entre instituciones de la región potencia la investigación científica de alto nivel».
«En lo personal —añadió Mata—, «este trabajo proyecta al museo y a la universidad como espacios donde el patrimonio no solo se conserva, sino que también se investiga con rigor académico y se integra en el diálogo científico global. Es una contribución relevante tanto para la odontología como para la comprensión de las culturas prehispánicas».
A estos comentarios, Camilo Luin agregó que «la divulgación y la investigación son pilares fundamentales en el trabajo de un museo. Se complementan porque hacen que la información científica sea accesible para el público general y para los estudiantes».
Este hallazgo recuerda que, incluso en los detalles más pequeños —como un molar— puede esconderse una historia capaz de cambiar lo que creíamos saber sobre el pasado.
Contacto:
Museo Popol Vuh
popolvuh@ufm.edu
Guatemala, 21 de abril del 2026
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