Claudia Quintanilla en el Museo Popol Vuh

Con respecto a la muerte, los mayas tenían una visión animista y creían que aquella era un complemento de la vida y la continuidad de esta en otra forma de existencia, dijo la arqueóloga Claudia Quintanilla durante una conferencia ofrecida en el Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín.

Los mayas tenían por costumbre enterrar a sus difuntos acompañados por ofrendas de cerámica, alimentos, conchas, lítica y objetos que podría serles de utilidad en el nuevo camino que empezaban.  Se les colocaba en agujeros sencillos excavados en la parte de atrás de la casa, o en edificios majestuosos. 

Cancuén está localizado en el sur de Petén y el extremo norte de las verapaces.  Es el límite entre las tierras altas y las tierras bajas mayas y fue un referente de comercio, con el auspicio de Kalakmul. Está asentada de tal manera en que se aprovechan muy bien los suministros de agua.  Cuenta con uno de los palacios más importantes del mundo maya y cuenta con monumentos de calidad excepcional.  La ciudad fue abandonada repentinamente y su auge duró poco.

No se ha encontrado un solo espacio de Cancuén en el que no haya alguna forma de enterramiento.  Por medio de los esqueletos y huesos registramos la vida entera y son el registro más palpable de lo que hacemos.  Nos brindan información biográfica, de sexo, de edad, la salud y rasgos bioculturales, como la alteración craneal que era muy arraigada y común; se les practicaba a los recién nacidos cuando sus huesos eran moldeables. Otra práctica biocultural es la decoración dental.  Ninguna de las dos eran sólo para las élites. 

En Cancuén la mayoría de sepulturas eran en pozos abiertos, muchas veces en zonas de residencia y en otras en el área del palacio.  En aquellos espacios se colocaban piedras cuya función era la de recibir el cuerpo.  Techos laja han sido encontrados en sepulturas de mujeres adultas.  Otro tipo de sepultura es la cista, un espacio que lleva un recubrimiento de piedras a modo de ataúd y algo más elaboradas que las citadas anteriormente.  Sólo hay un caso de tumba, como tal, con mampostería.  Esta es más compleja y cuenta con muros y tapa de piedra y también es una de las pocas cuyos ajuares incluyen piedras verdes. 

Otro rasgo característico es que hay doce entierros en contextos especiales con abundancia de cerámica y no se sabe si eran basureros, o rituales de terminación y los cuerpos son consecuencias de sacrificios, o de profanación.  La orientación de los cuerpos suele ser hacia el norte, principalmente para las mujeres; hacia el este para los hombres y hacia el sur para los niños.  Hay una especie de patrón en el que las parejas de adultos suelen ser enterradas en direcciones opuestas.  En casos de niño y adulto también se presentan enterramientos en sentidos opuestos. 

Durante su conferencia, Quintanilla hizo relación de la presencia de figurillas y otros objetos en los enterramientos de niños, algo propio de Cancuén.  También aludió al uso de piedras verdes como orejeras y colgantes, que eran de uso exclusivo para adultos de élite.  Sólo hay dos casos de jade sin trabajar en enterramientos de niños.  Muchos de los huesos hallados –acompañados por ajuares ricos- muestran señas de violencia, sobre todo en las extremidades superiores, heridas causadas por armas de obsidiana.  En otras ciudades mayas también se hallan restos de ejecuciones masivas que incluyen cráneos de niños.

Claudia Quintanilla es licenciada en Arqueología egresada de la Universidad de San Carlos de Guatemala; cuenta con maestría en Gestión de Patrimonio y Cultura por la Universidad Rafael Landívar y posee una maestría en Museología por el Instituto Iberoamericano de Museología, España. Su campo de estudio en arqueología maya se ha enfocado en investigaciones de campo en el suroeste de Petén y en estudios osteológicos y de patrón funerario en Cancuén.

Contacto:
Rossanna Valls
Museo Popol Vuh
popolvuh@ufm.edu

Guatemala, 2 de diciembre de 2015