El equipo de Chapines contra el Hambre, integrado por estudiantes de la UFM, en Jalapa.

Estudiantes y profesores de la Universidad Francisco Marroquín llevaron alimentos a Jalapa, donde el hambre castiga a la población, como parte del proyecto que denominan Chapines contra el Hambre.

Aunque en las clases analizamos la pobreza, es con experiencias como estas que le ponemos rostro humano y entendemos por qué es que es tan importante acabar con ella, dijo la estudiante Adriana Castellanos. El proyecto cuenta con la participación de miembros de las asociaciones de estudiantes de Ciencias Económicas, y de Derecho.

En la actividad participaron los estudiantes Luis Pedro Quezada, Raúl Arévalo, Daniel Salomón, Juan Carlos Arévalo, Arturo Rodas, Angélica Mirón, Isidora de Vicente, Carlos Toriello y Adriana Castellanos; así como los profesores Fernando Monterroso, Eduardo Fernández y Andrés Marroquín.

En el Blog Proceso Económico, del Centro Henry Hazlitt, el profesor Monterroso explicó la experiencia así: Desde hace meses tenemos ante nuestros ojos el problema social de la malnutrición crónica que azota a Guatemala. Para hacer algo contra este problema, unos estudiantes de la Universidad Francisco Marroquín formaron un grupo en Facebook llamado Chapines contra el hambre y decidieron solicitar permiso para poner una mesa de recaudación en la cafetería. Los alumnos, curioseando primero y luego interesados, se fueron acercando a la mesa y donando lo que podían. Se recaudó dinero, granos y todo tipo de ayuda. La generosidad fue conmovedora. Finalmente, el domingo recién pasado el grupo logró la ayuda de varias casas comerciales y tomamos rumbo para Jalapa a la clínica del doctor Juan Carlos Rodríguez, el médico que había dado la voz de alarma al país y a los medios, de lo que estaba sucediendo con la niñez guatemalteca. Allá nos recibieron y fuimos primero a la aldea Dos Pinos a donar comida y luego al Hogar que tiene allá la Fundación Castillo Córdova que alberga a 27 niños con casos severos de malnutrición (y que están ahí acompañados de sus madres). El cuadro fue conmovedor, explica Monterroso.

Pero eso no es todo. El viaje dejó muchas lecciones a los jóvenes. La primera lección es que éste es un problema social causado por un problema económico. Veamos. En ruta para Jalapa pudimos apreciar que no hay muchas oportunidades de trabajo. Al llegar a la aldea Dos Pinos vimos a muchas mujeres con sus hijos y muy pocos hombres. Los que había eran ancianos. Los hombres jóvenes abandonaron la aldea hace rato en busca de trabajo y, al no encontrarlo en otros lados, es poco lo que pueden mandar a sus familiares. Otra lección que dejó este proyecto a los jóvenes es que las mujeres que no tienen problema de malnutrición (de sus hijos) es porque encontraron trabajo en los pocos lugares que hay. Es decir, si hubiese más fuentes de trabajo no habría hambruna. Por lo tanto, se hizo evidente que el problema social del hambre es consecuencia de un problema económico: la falta de inversión y de puestos de trabajo. La sequía que el gobierno pone de excusa es sólo parte del problema porque el “corredor seco no es tan seco como otros lugares del mundo (Las Vegas, Israel, y otros). En esos lugares es más seco que en Jalapa pero hay inversión de capital y eso hace que existan oportunidades de trabajo para que la gente pueda comprar comida y lo que necesitan.

Quiero cerrar diciendo lo reconfortante que fue ver a los jóvenes estudiantes trabajando y colaborando para ayudar a estos niños. Son estudiantes ejemplares todos. Guatemala necesita hombres y mujeres así, concluyó el licenciado Monterroso.

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Contacto:
Adriana Castellanos, estudiante
acastellanos@ufm.edu



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