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Quien estas líneas traza ha pasado la mitad de su vida de adulto en Austria –su patria– donde estuvo en íntimo contacto con el pensamiento germánico, y la otra mitad en los Estados Unidos e Inglaterra. Durante esta última época ha ido afianzándose día tras día su convicción de que en estos países están actuando también algunas de las fuerzas que destruyeron la libertad en Alemania.

Friedrich Hayek abre con esa demoledora sentencia uno de sus libros más populares y que marcó un antes y después en su trayectoria como autor, Camino de servidumbre. Este mes, la obra cumple 70 años de cautivar la mente de lectores con sus advertencias sobre el peligro de la tiranía a la que puede llevar la creciente veneración del Estado.

El filósofo austriaco escribió el libro entre 1940-1943, probablemente una de las épocas más convulsas del siglo XX, cuando el futuro la humanidad se debatía entre el totalitarismo y la libertad.

En 2010, Camino de servidumbre estuvo entre los 10 libros más vendidos en los EE.UU. por medio de Amazon. Al año siguiente, Pablo Guido, dirigió, en la Universidad Francisco Marroquín, un seminario sobre aquella obra.

Camino de servidumbre es un libro que se cuestiona seriamente si la libertad tiene futuro, y no sólo en los países de los déspotas del siglo pasado, sino en aquellos que una vez fueron luminarias de la libertad. Hayek ve con preocupación que en Inglaterra –patria del liberalismo- y los Estados Unidos exista un entusiasmo por la planificación estatal de la economía y de asuntos que antes pertenecían a la vida privada de las personas.

Para alcanzar las finalidades que se proponen, los planificadores tienen que crear un poder público –de unos hombres sobre otros– de magnitud hasta ahora desconocida; y su éxito dependerá del grado en que logren tal poder […] Muchos socialistas se forjan la infausta ilusión de que, privando al individuo del poder que posee en un sistema individualista, y traspasando ese poder a la sociedad, se acabaría con el poder. Pero pasan por alto que, al concentrar el poder de modo tal que pueda ser puesto al servicio de un plan único, no sólo se le transforma sino que se le aumenta infinitamente, explica.

Hayek se pregunta si la planificación es inevitable y señala que el desarrollo actual de la civilización se dio precisamente porque no hubo planificación estatal; por el contrario, mientras más complejas son las sociedades más difícil será planificarlas:

Si los Estados Unidos hubieran tenido que atender al crecimiento de su sistema industrial mediante el método de planificación central, jamás habrían llegado al grado de diferenciación y flexibilidad que han alcanzado […] Si la situación económica se hace cada vez más compleja, esto, lejos de imponer la necesidad de una planificación central, hace más importante que nunca el que se siga la táctica de la libre competencia.

Camino de servidumbre también marcó un punto de cambio en la vida de su autor. Previo a él, Hayek se había dedicado a disquisiciones eminentemente económicas, publicando libros sobre los ciclos económicos, el capital, precios y producción, entre otros temas. De 1944 en adelante, el Nobel de Economía se interesaría por otras disciplinas como la política y el derecho y su incidencia en los mercados. En esta época de su vida publicaría libros como La contrarrevolucíon de la ciencia y Derecho, legislación y libertad.

Camino de servidumbre es un libro que refleja bien la mentalidad de los liberales de aquella época. Y no podía ser de otra forma. Europa acababa de salir de la Primera Guerra Mundial sólo para iniciar la Segunda, mientras más al este el comunismo tomaba fuerzas. Es entendible el porqué Hayek temiera que incluso los países libres sucumbieran eventualmente a la servidumbre si la tendencia de planificar la economía continuaba.

Si bien la época ha cambiado bastante respecto a los años en que la obra fue escrita, sus lecciones siguen estando vigentes: el totalitarismo es la conclusión lógica de una creciente confianza en la capacidad del Estado para solucionar los problemas de los individuos.

Pero el mundo como hoy se conoce también se debe en parte a ese libro. Margaret Thatcher, quien también marcó un antes y un después de la historia reciente, se vio ampliamente influenciada por Camino de servidumbre. Su gobierno es recordado como uno que retomó valores tradicionales de occidente, el respeto a la individualidad y la libre empresa, recordando las palabras con las que Hayek termina su libro:

El principio que debe guiar cualquier intento de crear un mundo de hombres libres, tiene que ser éste: una política de libertad individual es la única política que verdaderamente conduce al progreso.

Contacto:
Gabriel Calzada
Rector
rectoria@ufm.edu



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