Don Pedro de Ariza Rubio Vallejo y Merino y su esposa, doña Rafaela de Labayrú Pineda y Azagra son dos personajes cuyos retratos ornan el salón mayor de la Casa Popenoe, de la Universidad Francisco Marroquín, y cuyas identidades y relación fueron recientemente identificadas  por el curador Martín Fernández de aquella casa museo.

Escudo heráldico de Luis de las Infantas y Mendoza, dibujado por Dorothy Popenoe y colgado en una de las habitaciones de Casa Popenoe

Quienes han visitado Casa Popenoe en La Antigua Guatemala, saben que entre las numerosas pinturas que componen su ecléctica colección, existen varios retratos de personajes civiles, oficiales y religiosos que han jugado algún rol especial en la historia de la Antigua Guatemala, o en la casa misma, explica Fernández.

Don Pedro de Ariza Rubio Vallejo y Merino.

Muchos de aquellos retratos nada tienen que ver con la familia Guerra-López Marchán, propietaria original de la casa, mas sí con la del oidor Luis de las Infantas y Mendoza (a quien durante décadas se le atribuyó la propiedad original del inmueble) o simplemente con la historia de La Antigua Guatemala de finales del sigo XVIII. Este es el caso de algunos retratos de personas civiles, como el de doña Rafaela de Labayrú Pineda y Azagra (1769 – 1802) y el de don Pedro de Ariza Rubio y Merino (1754 – 1814), ambas pinturas atribuidas por el historiador del arte guatemalteco Gustavo Ávalos Austria al maestro Juan José Rosales (1751-1816), retratista oficial de la clase alta guatemalteca hacia finales del siglo XVIII y principios del XIX, añadió el Curador.

Doña Rafaela de Labayrú Pineda y Azagra

Resulta curioso, dice Fernández, que el retrato de doña Rafaela, ubicado desde tiempos inmemorables al flanco izquierdo del gran retrato de cuerpo entero del general Lorenzo de Montúfar, es uno de los que más llama la atención de los visitantes pues, durante el recorrido anterior, se les explicaba que la dama lleva en su mano izquierda (la más cercana al corazón según la iconografía tradicional) el dibujo de un retrato masculino, posiblemente el de algún rico prometido guatemalteco, siendo ella española. O al menos esta era la versión que se repetía.

En el muro opuesto al retrato de doña Rafaela, se encuentran otras pinturas que llaman menos la atención de los visitantes, siendo uno de ellos el de un caballero ataviado con traje militar a la francesa, el del mencionado don Pedro. Pues resulta que hace algunos meses, mientras llevaba a cabo una limpieza superficial del retrato –una de las tareas de conservación preventiva que practico en Casa Popenoe como curador–, me llamó la atención el intrincado y elaborado escudo heráldico del personaje, ubicado en la esquina superior izquierda del lienzo. De modo que decidí mandarle una fotografía a Pedro Ramírez Sierra, amigo mío y académico de número de la Academia de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Guatemala, para saber si quizás él podría conseguirme alguna información interesante sobre la familia y así comprender mejor la pieza. ¡Cuál sería mi sorpresa!, cuando Pedro compartió conmigo el fragmento del artículo «Familia Ariza o Arizaga», escrito por Edgar Juan Aparicio y Aparicio, publicado en el número 8 de la «Revista de la Academia Guatemalteca de Estudios Genealógicos, Heráldicos e Históricos»,Guatemala, 1983. Mismo que dice:

Quien llegó a Guatemala y cuyo retrato se encuentra en casa Popenoe fue don Pedro de Ariza Rubio Vallejo y Merino, nacido en 1754 en la Villa de Almazán, Provincia de Soria y Obispado de Sigüenza. Fue hijo de don Alejo de Ariza y Vallejo y de doña Josefa de Rubio Merino y Lumbreras. Emigró a Guatemala en donde murió en la ciudad de Guatemala el 25 de enero de 1814 y fue sepultado en la Iglesia de Santo Domingo…Contrajo matrimonio en la parroquia de El Sagrario de la Catedral Metropolitana de Guatemala el 15 de mayo de 1787 con doña Rafaela de Labayrú Pineda y Azagra, quien vino al mundo en la Villa de Mansilla, Reino de Navarra, el 24 de octubre de 1769 y quien falleció en la ciudad de Guatemala de la Asunción el 8 de noviembre de 1802 y fue sepultada también en el templo de Santo Domingo.

De lo anterior entonces, pudimos deducir que la razón por la cual ambos retratos se encuentran en Casa Popenoe, es porque Wilson Popenoe probablemente los adquirió juntos, sabiendo que eran esposos. Aunque es casi seguro que ellos no habitaron esta casa, como es el caso de otros personajes coleccionados por Popenoe. Es probable que la pérdida del dato de la relación entre los retratos de doña Rafaela y don Pedro se perdiera con el paso de los años, por encontrarse en paredes diferentes, debido quizás a los distintos movimientos que se les dieron a los cuadros y muebles de la casa durante su larga historia, pues cinco estuvo habitada por miembros de la familia Popenoe hasta muy recientemente, en 2007. El punto es que los retratos en cuestión quedaron, al menos en la narrativa oficial de la casa, completamente desconectados el uno del otro, colocados en la misma habitación, pero en paredes opuestas, durante quién sabe cuánto tiempo, explica Martín Fernández.

Sin embargo, gracias a este “redescrubrimiento”, lo más interesante para quienes ofrecemos las visitas guiadas, es saber que el hombre que aparece retratado en el dibujo a carboncillo que sostiene doña Rafaela en su mano izquierda, no es más un supuesto desconocido caballero guatemalteco de la clase alta, sino precisamente don Pedro, cuyo retrato a todo color ha sido colocado, como corresponde, en la misma pared. Con este pequeño ajuste museográfico se ha cerrado una pequeña gaveta de misterio y abierto una nueva historia de amor, como muchas de las que abundan en este maravilloso lugar que no deja de sorprendernos, concluyó el curador de la Casa Popenoe.

Contacto:
Martín Fernández O.
Curador Casa Popenoe

casapopenoe@ufm.edu

Guatemala, 6 de octubre de 2020